Araceli Reymundo, Arquitecta especializada en arquitectura y urbanismo sostenibles, socia 30 de ASA, nos envía este proyectos de planificación del territorio que ha coordinado para el Área de Medioambiente y Sostenibilidad del Cabildo de Tenerife.

1 Frase extraída del Plan Insular de Ordenación de Lanzarote.

Introducción

En julio de 2015 La Reserva de la Biosfera del Cabildo de Lanzarote encarga a la Técnico que suscribe este documento, la revisión del Plan Insular de Lanzarote y el Plan General de Arrecife para ver de qué forma podría avanzarse hacia el
Cambio de Modelo Energético a través del Planeamiento en sus dos escalas: la Insular y la Municipal.

En el Plan General de Arrecife, en el Tomo I, Memoria de Ordenación, Capítulo 3, se recoge el análisis de Alternativas de Ordenación y en ella aparece como alternativa B la propuesta de creación de un Eco-eje en sentido perpendicular a la pendiente en la zona situada entre Zonzomas y Maneje.

Fig. 1.- Imagen del Eco-eje propuesto en el PGO Supletorio de Arrecife.

La intención del mismo, según el documento del Plan, era “la concatenación de actuaciones con grandes espacios libres, un soporte verde con actividades de carácter dotacional y servicios”. Sin embargo, la imagen sugería un desarrollo más ambicioso en la línea de las posibilidades del aprovechamiento vertical y múltiple del territorio (Aguilera Klink et al., 1994; Sabaté, 2008).

En efecto: en 1994 se publica el libro “Canarias, Economía, Ecología y Medio Ambiente” y se hace una interesante referencia a esta histórica estrategia de aprovechamiento múltiple del territorio canario por sus antiguos pobladores. Consiste en la apropiación de múltiples ecosistemas con múltiples especies que generan múltiples productos mediante la ejecución de diferentes prácticas
productivas.

A través de este proceso —refieren los autores— cada una de las islas logró históricamente un alto grado de auto-suficiencia alimentaria y productiva. Se basaba en el reconocimiento de los ecosistemas idóneos para sustentar toda una combinación de actividades productivas que se desarrollaban simultáneamente a diferentes cotas altitudinales.

Las parcelas agrícolas solían trazarse también en rectángulos alargados en la dirección de la pendiente para poder aprovechar en ellas un recurso básico y estratégico como es el agua. Esta posibilidad seguro que tuvo mucho que ver en el trazado de los límites municipales de las Islas Canarias donde puede observarse en general la disposición vertical cumbre-medianía-costa en la mayoría de los términos municipales.

Y otra sugerencia que suscitó la visión de la imagen del Eco-eje de del Plan General de Arrecife, en términos de Energía, fue el aprovechamiento del relieve, para posibilitar la acumulación de energías renovables en la zona mediante sistemas hidro-eólicos: mientras existen EERR —sol, viento, mareomotriz…— se bombea agua de mar que puede acumularse en embalses situados a determinadas cotas. Esta estrategia genera posibilidades como la de la depuración natural del agua residual por gravedad —mediante sistemas de humedales— o la de obtener energía potencial al tener agua acumulada en altura que puede turbinarse.

¿Dónde estudiar el primer Eco-eje en Tenerife?

Ante esta perspectiva de oportunidades se plantea dónde escoger un territorio en Tenerife para el planteamiento de un Eco-eje, con una metodología replicable para el resto del territorio pero partiendo en cada uno de ellos de un análisis DAFO específico que derivaría en unas determinadas acciones, diferentes en función de sus especificidades.

Dado el problema actual que padece Canarias en general respecto a la soberanía alimentaria y la huella ecológica que produce el sistema internacional de abastecimiento de productos básicos, resultaba sugerente elegir un territorio con una buena capacidad agrológica, preferiblemente situado cerca del área metropolitana. De esta forma se podría tratar de fomentar, no sólo la agricultura ecológica con posibilidad de secuestro de CO2, sino también el Km 0, es decir, la reducción de la cadena de la distribución para reducir las emisiones por transporte.

Otro aspecto interesante, como ya se ha indicado, era que la zona tuviera relieve para poner en valor el aprovechamiento múltiple y vertical del suelo, una buena estrategia, como ya se ha referido, en cuanto a la acumulación y gestionabilidad de las energías renovables así como en el ciclo integral del agua. Además, era interesante que en la zona existiera una ciudadanía implicada en los asuntos sociales y la participación ciudadana dado que las ayudas que en la actualidad provienen de Europa tienen este aspecto muy en cuenta, como no
podría ser de otra manera.
Por todas estas razones, y otras que en la evolución del trabajo han ido apareciendo y que se referirán más adelante, se consideró que la zona Birmagen-Costa de Añaza reunía unas condiciones interesantes a analizar además unas valiosas iniciativas eco-sociales que parten de sectores de una población que en la actualidad padece un alto índice de paro y exclusión social y cuyo futuro quizá
podría mejorarse.

La comarca del Suroeste de Santa Cruz, tal y como se recoge en la estrategia DUSI elaborada por el área metropolitana Santa Cruz-Laguna, está compuesta por barrios que se consideran desfavorecidos sobre los que resulta necesario actuar. Los asentamientos que caracterizan la zona se pueden dividir, grosso modo, en una zona rural con una capacidad agrológica interesante —aproximadamente la mitad del territorio del Eco-eje—, con una tipología dominante de viviendas auto-construidas (zona el Tablero) y una zona urbana —la otra mitad— con viviendas sociales construidas para acoger estas clases sociales desfavorecidas (Añaza, El Sobradillo, Tincer, La Gallega…).

El modelo arquitectónico y urbanístico escogido en la construcción de la zona no ha tenido en cuenta en general medidas de ahorro, eficiencia y sostenibilidad y conviene que sea revisado. El momento es oportuno dado que existen diferentes incentivos tanto para la regeneración urbana como para el desarrollo rural.

Hacia el Desarrollo sostenible integrado La arquitectura —y también el urbanismo en su escala más amplia de intervención sobre el territorio— se encuentra inmersa en un universo dinámico de ciclos cerrados a la materia y abiertos a la energía que actúan sobre el hombre. De la acertada planificación de las intervenciones sobre el territorio y la sensibilidad de los agentes que intervienen en su diseño —técnicos proyectistas, administrativos, políticos, promotores…— dependerá en buena medida que la relación sea de acuerdo o enfrentamiento con el medioambiente y, en consecuencia, que se generen impactos o se favorezca el uso de sus recursos estratégicos.

La relación que debiera existir entre el diseño urbano y las condiciones del lugar se ha ido perdiendo. La arquitectura se “uniformiza” a través de modas y vanguardias internacionales produciendo diseños que bien pudieran estar en cualquier continente, con cualquier clima, sin más condición muchas veces que la de disponer de ingentes cantidades de energía en climatización para hacer posible la habitabilidad en su interior. La actividad ligada a la construcción implica el 50% de la obtención y extracción de los materiales, produce 217 tipos de impactos ambientales, consume el 26% de la energía final gastada y genera el 50% de la contaminación que padecemos… (Mabican. ITC, 2011).

Los materiales de construcción dejan de ser autóctonos, en ocasiones por la protección ambiental del territorio aledaño, en otras por el abaratamiento que sufrió el transporte durante el siglo pasado, que permitía importarlos desde lugares lejanos, donde la mano de obra es más económica y donde los impactos que se producen durante su extracción y producción, pudieran ser controlados de forma más laxa, o sencillamente no ser controlados. De esta manera, se han ido desarrollando intervenciones territoriales que consumen recursos escasos y provocan importantes externalidades sobre el entorno más o menos inmediato —aumentando la huella ecológica sobre el planeta— que acaban por no satisfacer los objetivos, tanto locales como generales, que debieran regir el diseño sostenible.

El último impulso a la descontextualización del urbanismo y la arquitectura que comenzó con algunas formas de entender los postulados del Movimiento Moderno, ha venido propiciado por la globalización y, sobre todo, por la unificación del mensaje que ha traído consigo la universalización de los “massmedia”. Esta forma de entender hoy la construcción de la ciudad, ajena a las condiciones del sitio, a los materiales del lugar, al clima, a la cultura y a las tradiciones locales, se ha revelado como nefasta desde el punto de vista de los requisitos que actualmente demanda el siglo XXI. Porque desde los años ochenta del pasado siglo XX ha aparecido un nuevo requisito planetario que antes no existía: la necesidad de rebajar la huella ecológica del planeta. O lo que es lo mismo, ya no sólo es necesario construir ciudades y edificios que funcionen con el programa de necesidades para el cual han sido creados, que sean bellos y que respondan a una identidad derivada de una cultura específica, sino que (además) han de consumir y contaminar menos.
Hernandez Aja, A. (coord.), 2010.

Planeamiento, salud y eficiencia.

En el año 2000 —y reeditado en el año 2007— se publica por parte del IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía) la Guía del Planeamiento urbanístico energéticamente eficiente (IDAE, 2000). En la introducción de este
documento se recoge:

Para entender las implicaciones de este desarrollo sostenible, hay que concretar que esta capacidad de las generaciones futuras de satisfacer
sus necesidades, radica en un uso y una gestión correcta del medio ambiente y de la energía, entre otros recursos. Si el modelo de desarrollo
conduce al deterioro irreversible del medio ambiente o al agotamiento de algunos de sus recursos, de la biodiversidad, etc., no será posible para estas futuras generaciones satisfacer sus necesidades. En este marco de referencia se sitúa la relación de los edificios con la sostenibilidad. Simplificadamente, podemos concretar cuáles son los cuatro principales factores de “insostenibilidad” en el actual proceso de urbanización y edificación: Suelo, Energía, Agua y Materiales.

Por otro lado, existen tres conceptos básicos que resulta inexcusable considerar en la reflexión sobre el nuevo paradigma del Planeamiento Sostenible: supervivencia, salud y eficiencia (Hernandez Aja, 2010). En cuanto a la salud, ya la ciudad moderna trataba de solucionar problemas existentes en la era de la revolución industrial como la contaminación, los residuos, etc. Pero los trazados modernos producen otro tipo de afeccionesacústicas, electromagnéticas…- e incluso pueden llegar a provocar patologías relacionadas con la obesidad, cardiovasculares, alergias, etc., que producen relevantes índices de enfermedades crónicas e incluso de mortalidad.

El diseño urbano responsable favorece estilos de vida más saludables al tiempo que propicia el ahorro energético mediante la generación de microclimas urbanos que atenúan los rigores estacionales del clima de una localidad. Tratar de avanzar hacia la soberanía alimentaria poniendo en valor el uso del suelo local con capacidad agrícola, favorece ciclos saludables —producción local, gestión, distribución de alimentos y generación de economías diversificadas—. La aplicación de técnicas de compostaje reduce los residuos al tiempo que mejora la estructura del suelo. Reducir las importaciones de alimentos de primera necesidad está también relacionado con la disminución del consumo energético y las emisiones de CO2.

Se considera, por tanto, la conservación y la mejora de los sistemas agroganaderos locales como soporte básico de la actividad humana, tratando de cerrar los ciclos y procurando su reutilización.

La necesidad de un cambio en el Modelo Energético de Canarias.

Sin embargo, parece que poco a poco se va imponiendo un nuevo paradigma.

En materia de eficiencia energética, la Comunicación de la Comisión Europea del 25 de febrero de 2015 sobre el marco estratégico para la Unión Energética plantea la eficiencia energética como fuente de energía para que pueda competir en igualdad de condiciones con el resto de fuentes energéticas y situarse en un lugar primordial en las políticas de los estados miembros.

Esta comunicación afirma también que la eficiencia energética necesita una gobernanza mucho más decidida en la exigencia del cumplimiento de las directivas europeas, en el diseño de una fiscalidad europea como coste –a quien no cumpla las exigencias se le sancionaría y a quien las supere se le bonificaríaque incentive el ahorro de energía, mayor coherencia y coordinación entre políticas energéticas de los Estados miembros e incrementar la preocupación por la reducción del consumo de gas y petróleo como primera política energética.

El punto de partida de estas reflexiones es la elevada dependencia energética de Europa, un 53% con un coste anual de 400.000 millones de euros. El 94% del transporte depende del petróleo y el 75% de los edificios es ineficiente energéticamente. El transporte y la edificación son los sectores sobre los que hay que actuar con particular empeño dado su elevado potencial de ahorro energético (García Breva, J. 2015).

En cuanto a la penetración y madurez de las EERR, parece que poco a poco se van sentando las bases para la tercera revolución industrial preconizada por Jeremy Rifkin: “En el futuro, centenares de millones de personas producirán en sus casas, en sus oficinas y en sus fábricas su propia energía verde y compartirán unas con otras una “Internet energética”, del mismo modo en que ahora creamos y compartimos información en línea”.

En cuanto a las posibilidades de acumulación de las energías limpias, en mayo de 2015, Tesla presentó su última creación: una batería para los hogares —la Powerwall Home Battery— capaz de acumular energía para el consumo a partir de generación renovable, evitando que dependan sólo de la red eléctrica. Con ello pretendería abaratar la factura energética de hogares, negocios y servicios públicos que apoyen el uso de las energías limpias. A finales de octubre de 2016 ha presentado la segunda generación: Techo solar, cargador y batería Powerball27

El 26 de mayo de 2015, la Asamblea Nacional Francesa —el país más nuclearizado del mundo, en proporción al número de habitantes— ha aprobado la Ley de Transición Energética. El gobierno se ha equipado con una ambiciosa normativa para cambiar el modelo energético promoviendo las fuentes renovables, el transporte limpio y la edificación sostenible. Confía en que la nueva ley genere un nuevo mercado tecnológico con más empleo y mayor competitividad.

Nos encontramos por tanto ante un nuevo paradigma y es preciso replantearse el modo en que se ha venido desarrollando el planeamiento y la construcción con la intención de tratar de revertir de forma urgente y en la medida de lo posible algunos procesos. Según los indicadores, el tiempo no corre precisamente a nuestro favor y nos encontramos inmersos en una crisis global multidimensional —política, económica y ambiental— que si no somos capaces de convertir en una oportunidad para un cambio en todos los frentes, reducirá nuestras posibilidades de maniobra (FEMP, 2015).

La renovación y la rehabilitación de los espacios construidos ofrece una oportunidad muy interesante de reconducir los parámetros erróneamente planteados a lo largo de las últimas décadas. En los años ochenta del siglo pasado, la huella ecológica de la tierra superó en un 50% la superficie del planeta. El Calentamiento Global es ya inequívoco y la negativa influencia de la actividad humana está fuera de dudas (IPCC). Además, el papel de las intervenciones en la escala “local” es imprescindible para una lucha global eficaz a través de la estrategia de la Agenda 21 Local “Piensa globalmente y actúa localmente”.

Objetivos de esta investigación.

El aspecto energético, la lucha contra el cambio climático, la gestión de los recursos esenciales y la ciudadanía –lo residencial, lo social- son los objetivos en que se centrarán principalmente las reflexiones contenidas en este documento, si bien se entiende que muchos de ellos están de una u otra forma relacionados. Conscientes de que la vinculación entre urbanismo y cambio climático es una evidencia, la Red Española de Ciudades por el Clima —Federación Española de Municipios y Provincias— con la colaboración de la Oficina Española de Cambio Climático del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente ha publicado en 2015 la Guía Metodológica “Medidas para la Mitigación y la Adaptación al cambio climático en el planeamiento urbano”. En esta guía se observa que para paliar el problema del calentamiento global deben lograrse ciudades más eficientes, sostenibles y resilientes. Contiene una interesante “Guía de Guías” de iniciativas emprendidas en forma de estrategias, planes, manuales guías y proyectos y un buen número de enlaces a los mismos que facilitan su
consulta en más profundidad.

En cuanto a iniciativas locales en este sentido del archipiélago canario, en 2009 se publica un documento preliminar sectorial —para arquitectura y urbanismo— con la idea de que sirviera de base para el desarrollo del futuro Plan Canario de Adaptación al cambio Climático. En él se recogen también medidas en este sentido.

En 2011 se publica “Sostenibilidad energética de la Edificación en Canarias. Manual de Diseño” (ITC, 2011) en el que se recogen los datos básicos sobre el clima y el territorio de más de 40 localidades del archipiélago canario y de qué forma, mediante el diseño urbano y arquitectónico, se puede lograr una mejor adaptación de las intervenciones –edificios y planeamiento- al clima logrando el máximo confort con el mínimo consumo energético en las diferentes escalas.

En el año 2012 se publica en Lanzarote el libro “Energía en Lanzarote” (Medina Warmburg, B. 2012) editado por La Reserva de la Biosfera del Cabildo Insular, con la doble finalidad de proveer de herramientas y asesoramiento técnico a la toma de decisiones en temas energéticos y de asesorar y divulgar el buen uso de la energía entre la población isleña. En este libro se recoge un interesante estudio del potencial fotovoltaico de las cubiertas de Lanzarote, que resultó ser más de tres veces la potencia fósil instalada en la Isla.

En septiembre de 2014, indignados por la concesión de los permisos de investigación de hidrocarburos en los fondos marinos próximos a sus costas
aprobada por el Gobierno Central a la empresa Repsol, el Cabildo de Lanzarote emprende con determinación el cambio de modelo energético en la isla. En declaraciones a la prensa el presidente afirmó: “Hay recursos económicos y voluntad política, así que ha llegado el momento de emprender el ansiado y demandado Cambio de Modelo Energético en la isla que nos conduzca a una Lanzarote 100% renovable”. En la actualidad también las islas de Gran Canaria y La Palma están avanzando con determinación hacia un nuevo Modelo Energético. Alcance y expectativas de este trabajo. El alcance de este trabajo, de carácter preliminar, se centrará en propiciar la reflexión sobre aspectos, herramientas y metodologías que existen en la actualidad para la ordenación del territorio, sus recursos y su ecología, tratando de aplicarlos localmente para favorecer al máximo su aprovechamiento y resiliencia.
No obstante, se propondrán estrategias, acciones concretas y proyectos que parten en muchos casos de la ciudadanía implicada y de refuerzo de interesantes iniciativas eco-sociales que ya están haciendo una encomiable labor para la mejora de la sostenibilidad, calidad urbana del área y su mejora social. Se considera que la Metodología “Bio-distritos” que nació recientemente en Italia y que se comentará más adelante, podría ser muy valiosa —como ya se está demostrando en otras localidades europeas— para la generación de sinergias entre los distintos actores del territorio: administración ciudadanos, empresas, turismo, etc.

Se trata por tanto de investigar de qué forma se podría mejorar la resiliencia, eficiencia, salud y confort del territorio, aprovechando sus recursos naturales, consumiendo y contaminando menos, generando sinergias positivas en la lucha contra el cambio climático.

Y de averiguar de qué forma la planificación sostenible del territorio en la pequeña escala, podría sentar las bases para favorecer esta evolución positiva.

Han Participado:

Araceli Reymundo. Arquitectura y urbanismo Sostenibles. Idea y dirección.
Bruno Barreto, Geógrafo. Fanegada Medioambiente.
Iván López, Ingeniero técnico agrícola. Fanegada Medioambiente
Agustín González, Economista. Clúster Ricam de EERR.
Julián Monedero, Físico especialista en EERR. Cluster Ricam de EERR.
José Luis Peraza, Ingeniero técnico industrial.
Andrés Núñez. Dr. en Filosofía. Participación ciudadana.
Victor García, Biólogo.
Alberto de Armas, Licenciado en Filosofía.
Ricardo Tavío. EVM Financiación e Innovación.

Dirección Técnica:
Victor García, Área de Medio ambiente y Sostenibilidad. Cabildo Insular de Tenerife.

Fecha de entrega del trabajo: Diciembre de 2016

Dedicado a todas aquellas personas que con su actitud generosa y esfuerzo cotidiano, logran que este planeta sea cada día un poco mejor.

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