MANIFIESTO ASA VALENCIA 2019

Afrontamos un profundo Cambio GLOBAL en el que

asistimos al desbordante crecimiento de la población, el consumo, la producción de emisiones, la pérdida de biodiversidad, la alteración de los ciclos vitales de la biosfera, la escasez relativa de recursos básicos … El casi desbordamiento sistémico de los límites vitales del Planeta, con una profunda incidencia enlaces iguales condiciones de vida de la población mundial, nos obliga a reflexionar sobre nuestras actuales formas de desarrollo; entramos en una nueva era que algunos llaman el Antropoceno, en la que

los próximos 50 años serán determinantes y el tiempo para cambiar se ha convertido en una variable clave. Afrontamos un extraordinario reto y una inmensa oportunidad para construir un futuro mejor.

La población crecerá en torno a un 50% para 2050. Con los actuales patrones de desarrollo se cuadruplicará la presión humana sobre recursos dimisiones, se agudizará el cambio climático es alterarán drásticamente los ciclos vitales y la biodiversidad. Tenemos una década para modificar el rumbo de nuestro desarrollo y cuatro más para profundizar en el cambio. En términos de energía y clima, los objetivos de decrecimiento de la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) planteados en Kioto para 2020, 2035 y 2050 son inexcusables.

Necesitamos pues alumbrado un nuevo paradigma civilizatorio porque nos permita vivir bien, incluyendo a todos y sin desbordar los límites vitales del planeta.

El futuro no está escrito y, en todo caso, dependerá de nuestra acción. Se trata de un desafío de innovación ética, cultural, política, social, tecnológica, estética … En el que nosotros, los ciudadanos del llamado mundo desarrollado, nos toca ser conscientes de los límites de nuestro planeta y saber los gestionar en nuestros desarrollos del futuro. Como apuntaban Gandhi, es necesario reducir nuestro despilfarro, sencillamente para que todos podamos vivir dignamente. El concepto de crecimiento indefinido ha de ser reemplazado por un concepto de renovación dinámica compatible con un sistema racional de valores humanos.

Citando a S. Linquist: Sabemos lo suficiente. No es conocimiento lo que nos falta. Lo que nos falta es el coraje para darnos cuenta de lo que ya sabemos de actuar en consecuencia.

Es cierto que afrontamos un inmenso desafío que, a la vez, al interpretar como una apasionante oportunidad de mejorar muchas cosas; necesitamos producir ideas, proyectos y planes innovadores de forma rigurosa y plazos cortos de tiempo; porque vivimos tiempos de cambio global, de insatisfacción y desconcierto de los que la sociedad demanda nuevas propuestas. En el fondo el reto que nos plantea este Antropoceno, se traduce en ser capaces de alumbrar y aplicar nuevas intenciones urbanísticas y arquitectónicas para un nuevo periodo histórico.

Sabemos que las ciudades constituyen los centros de creación de valores sociales capaces de responder positivamente al Cambio Global.

Ellas concentran los actores sociales de disponen de los recursos necesarios para poner en marcha redes de cambio de abajo arriba capaces de extenderse por todo el planeta. Tienen responsabilidades directas sobre factores que representa más de la mitad de los impactos ecológicos del mundo. Los profesionales del urbanismo y arquitectura tenemos una especial responsabilidad a la hora de evaluar la realidad y de ofrecer a la sociedad líneas de acción que puedan contribuir a afrontar positivamente Cambio Global en nuestras ciudades y edificios. El crecimiento de las ciudades tiene que reconsiderar las necesidades inherentes al hombre y el universo.

Los arquitectos, ante la nueva gobernanza para el cambio, necesitamos alumbrar con creatividad belleza un nuevo paradigma urbano y arquitectónico

que dé prioridad a la resolución de las necesidades sociales desde el compromiso de reducir el impacto ecológico, local y global y que nos permita líneas nos con los acuerdos internacionales en la materia, Kioto entre ellos. Tenemos el reto de asumir la responsabilidad que nos corresponde a la hora de formular y aplicar con urgencia y desde criterios de sostenibilidad paradigmas capaces de adecuar a los nuevos tiempos nuestro trabajo como proyectistas edificios y ciudades.

Las lógicas de crecimiento inmobiliario ilimitado de indiscriminado del último decenio han deteriorado gravemente la democracia institucional y la cultura profesional,

en agravado los compromisos futuros de expansión urbanística Levy citatoria hasta límites extremos. Evitar desarrollo urbanístico de estos años alejado modelos urbanos y de movilidad insostenibles a costa de incrementar hasta extremos inadmisibles la presión sobre el territorio (el caso del litoral es extremo), los principales ecosistemas y la factura energética/climática del país. El arte y la belleza de hacer arquitectura y ciudad comprenden múltiples facetas que desbordan su consideración ecológica,

pero en el futuro sólo tendrán legitimidad aquellas propuestas que incorporen el reto de los sostenible con plena responsabilidad resultados convincentes.

Ello requiere dar prioridad a reciclar y revalorizar la ciudad y la edificación existente y multiplicar la ecoeficiencia urbana y arquitectónica. Necesitamos trabajar con nuevos principios como el de Suficiencia (¿cuándo es posible, necesario, suficiente?). Coherencia (articulación sinérgica con ciclos naturales), Ecoeficiencia (menos recursos/intactos por unidad de producto) … Todo ello en el seno de una nueva Gobernanza para el Cambio.

Necesitamos renovar nuestra forma de pensar, comprometiendo nos con temas, objetivos y plazos concretos para cambiar el impacto ecológico de nuestros edificios y ciudades,

y empezar a pensar en la reducción de su huella ecológica, en minimizar los impactos inducidos por los ciclos de agua, de los materiales y de la energía.

Necesitamos desarrollar una nueva generación de Planes Globales de la sostenibilidad de nuestras ciudades de edificios, con objetivos y plazos concretos que hablen de parámetros en la reducción de emisiones de CO2., De compromisos con la movilidad, de reducción del consumo energético, de soluciones de producción de energías renovables, y una gestión consciente de nuestros residuos, de obligatoriedad en el reciclaje … Nuestra profesión, que está imputada en los éxitos y los fracasos de nuestra sociedad, en estos tiempos decisivos está llamada a esforzarse colectiva y colegiadamente,

e incorporar a nuestro trabajo conceptos como consumos, eficiencia energética, reciclaje, análisis del ciclo de vida, que cambien la visión estratégica sobre el edificio las ciudades, y para ello

debemos reconocer que, todavía bien demasiadas ocasiones, los valores dominantes en la cultura profesional siguen seducidos por no discrecional, no notorio, lo mediático y, en definitiva, por la creación de atractivos iconos formales propios de unos patrones y económicos, culturales y de consumo que generan una importante huella ecológica insostenible e insolidaria. Una necesitamos empezar a elaborar códigos de sostenibilidad urbana y edificatoria y evaluar los efectos ecológicos de nuestras propuestas de forma que podamos precisar con rigor los conceptos de urbanismo y arquitectura sostenibles para que puedan ser identificados como tales por los profesionales y la propia sociedad que los demanda, para lo cual

ASA os convoca ilusionadamente a construir este nuevo paradigma para un futuro mejor.

 

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