Por los socios de ASA, Stepienybarno (Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó).

Con este nuevo post de Stepienybarno quisiéramos hacer un breve, pero intenso, recorrido histórico enfocado en el tema del aislamiento térmico.

Así, veremos como nuestros antepasados más lejanos, los australopitecus, pasaron de confiar en una primera fina capa peluda (0) para protegerles, a las pieles que cubrían las tiendas nómadas de los pequeños homo erectus. Más adelante,  los muros de los primeros poblados de los ya homo sapiens, se convirtieron en los muros cada vez más gruesos de las ciudades medievales, hasta la llegada del siglo XX, en el que se deposita la confianza, nuevamente, en una fina capa, llamada aislamiento térmico.

¿Os animáis a acompañarnos en esta mirada retrospectiva?

– Un poco de historia

La historia del aislamiento térmico va directamente ligada a la propia evolución del hombre. Cuando hace 7 millones de años todavía éramos unos simpáticos australopitecus que andaban de rama en rama por los árboles del corazón de África, nuestros cuerpos necesitaban protegerse del frío y lo hacían mediante una manta peluda, similar a la de los actuales chimpancés. Con el tiempo, estos antepasados empezaron a bajar de los árboles y, poco a poco, comenzaron la marcha bípeda, hasta que, hace 2 millones de años, nos convertimos en homo hábilis. Así, hicimos nuestros pinitos con cierta tecnología, trabajando piedras para usarlas como utensilios, y fue aumentando nuestra capacidad de cohesión social (1).

Al tiempo, estos primeros homínidos se lanzaron por la sabana africana en busca de nuevos horizontes.

Llegado este punto, ya no necesitaban tanto la protección térmica de su antiguo pelamen, por lo que fueron adaptándonos al nuevo clima, marcado por un calor asfixiante. Con ello, se fueron haciendo cada vez más altos y  esbeltos (de esta forma, hay menos superficie de radicación directa por parte del sol sobre la piel) y, sobre todo, su  piel cogió una pigmentación oscura que les protegía de ser quemados por el intenso sol que por aquel entonces reinaba fuera de la selva.

Poco a poco, la tecnología que usaban fue evolucionando, se aprendió a controlar el fuego, que alejaba a las fieras y daba calor en las noches, y, a pesar de las duras condiciones de aquellos milenios, se convirtieron en homo erectus. Estos antepasados, valientes como ellos solos, comenzaron a seguir cursos de agua, mientras perseguían determinados animales, recorriendo toda África hasta alcanzar  Asia y Europa.

De este modo, llegaron hace 200.000 años, a convertirse en los primeros homo sapiens, antepasados directos de lo que  hoy somos como especie. Pero ¿cómo se protegían del frío y de las inclemencias del tiempo? Sobre todo, utilizando, por un lado, el abrigo de las cuevas o cavernas, con el peligro de despertar a algún oso que hibernaba en ellas, y con las pieles de animales que, una vez aprendido su tratamiento, les servían tanto para proteger sus cuerpos como para realizar la envolvente de una especie de tiendas de campaña que servían para refugiar al grupo. La idea de cobijo y refugio es inherente a nuestra condición humana.

Pero, no sería hasta el año -10.000, cuando estos sapiens, deciden dejar de ser un pueblo nómada y asentarse en pequeños poblados, dando paso a lo que más adelante serían nuestras actuales ciudades. Por fin, habían aprendido a domesticar el ganado y entender cómo funcionaba la agricultura; con lo cual, no les quedaba otra que pensar en construcciones más contundentes y duraderas. Así, usando los recursos que tenían cercanos (sin duda  el mejor garante, también a día de hoy, de sostenibilidad),  fueron construyendo sus primeros hogares con piedra y madera.

Por supuesto, estas incipientes ciudades buscaron los cerros de colinas (que les protegían de ser atacados), climas benignos (adaptación al entorno) y cursos de agua. Aun así, estas construcciones protegían a duras penas del rigor del clima y, con el paso de los siglos, fueron evolucionando para ser más acogedoras y confortables. Los egipcios apostaron por aumentar el  grosor de sus paredes exteriores, los romanos inventaron el muro de tres hojas y la arquitectura medieval, volvió a confiar en la inercia térmica del grosor de sus cerramientos de piedra (inversión térmica), pero, ahora, incorporando a  los animales en el interior de  sus construcciones. De esta forma, a pesar del riesgo de pestes, los animales quedaban a refugio y éstos, normalmente alojados en la planta baja, irradiaban calor hacía la planta superior que, sumado al fuego del hogar, ayudaba a atemperar las viviendas.

A su vez, en gran parte del mundo, la arquitectura tradicional, con cambios muy lentos y adaptada a su región natural, ha seguido apostando por muros de tierra, tapial o adobe que, además de actuar como sistema estructural, daban confort térmico a las construcciones.

– Nuevos tiempos

Aun así, se necesitó la llegada de la revolución industrial y el dominio de la tecnología para que con el despertar del siglo XX, apareciese la idea del aislamiento térmico, como tal.

De hecho, no fue hasta el año 1898 cuando nació el cavity wall y, por primera vez, se desdoblase el muro exterior en dos hojas de ladrillo (recordar que este material tiene una capacidad aislante netamente superior a la piedra), una interior, con más sección, de capacidad portante y, otra exterior, que cerraba el edificio; entre ellas se dejaba una pequeña cámara de aire que permitía que el aire circulase y no hubiera riesgo de condenaciones. De ahí, a introducir el aislamiento entre ellas, tan solo había un paso; aunque todavía tardaría en llegar.

Así, tuvo que nacer el Estilo Internacional y la Bauhaus, y las nuevas utopías de una forma de proyectar con marcado tinte social, para apostar por otro tipo de hacer una arquitectura acorde al espíritu de su tiempo. Ahora la luz, el espacio y la ventilación, eran los mejores aliados para combatir la falta de higiene de muchas de las viviendas de la época.  

Estamos hablando de un momento histórico de entreguerras, con una situación socio-política durísima y una crisis económica de primera magnitud. A pesar de ello, un pequeño grupo de arquitectos con Mies y Le Corbusier  a la cabeza, comenzaron a experimentar con otros sistemas constructivos (estandarización, seriación, prefabricación…) y con las primeras apuestas a favor de arquitecturas austeras (sin ornamento), sencillas y, como gran novedad tipológica, con cubierta plana como la de los barcos.

Uno de los ejemplos más tempranos de un uso pionero del aislamiento  lo podemos encontrar en la casa 20 de Walter Gropius, dentro de la exposición Weissenhof. En ella, usa en fachadas finas láminas de fonitram acompañadas de un asilamiento de fibra de vidrio (Alemania fue pionera en el desarrollo de este material a partir del bloqueo, 1914-1918), estucado por el exterior (3).

A partir de aquí, la fachada con dos hojas de ladrillo y cámara de aire y aislamiento en su interior fue evolucionando en busca de sus secciones óptimas (en un principio, todo se hizo cada vez más delgado y los ladrillos más huecos) y materiales más adecuados.

Con ello, se volvía, de alguna forma, a las chozas primitivas antes comentadas, confiando más en la capacidad aislante de una lámina que al inmenso grosor de los muros de piedra, mejorando el confort y el ahorro energético. Es decir, se apostaba, en gran medida, por un solo material (el aislamiento) para reducir las pérdidas o ganancias térmicas de un edificio.

Así, comenzó una apasionante búsqueda de la temperatura adecuada (22 ºC en invierno y 25 ºC en verano) en nuestros hogares que ha hecho que técnicos y arquitectos se pusieran a pensar a las mejores soluciones para nuestras construcciones. También es cierto, que durante gran parte del siglo XX la tecnología no estaba totalmente a punto; aun con todo, el  aislamiento de espumas de plástico y materiales alveolares se introducía entre la hoja de ladrillo interior y la exterior, y el que se colocaba sobre los forjados, dejando, en ocasiones, mucho que desear. Estas soluciones constructivas, con serias carencias, como abundantes puentes térmicos, daban demasiadas infiltraciones de agua y humedades que retrasaban el confort que hoy conocemos como habitual.

En realidad, no era tanto problema del material, sino de los sistemas constructivos y  la aplicación de los mismos, ejecutados por una todavía poco especializada mano de obra.

– Historia reciente

En cualquier caso, en el tercio final del siglo XX, dentro de los países más civilizados, se popularizó la idea de que nuestros edificios debían estar bien aislados y que a mayor aislamiento menor gasto energético.

Como bien comenta Ignacio Paricio, “La norma CT-79 al limitar las pérdidas térmicas a través de la fachada, obligó en la práctica a introducir en la cámara unos materiales específicamente aislantes que hasta aquel momento habían tenido una difusión escasa.” (4) En un principio el aislamiento, por comodidad se colocó pegado a la hoja exterior, provocando serios problemas higrotérmicos, para, desde los años noventa, pasar a adosarse a la fábrica de ladrillo interior, permitiendo que la cámara de aire pudiera ventilar y así evacuar posibles condensaciones de su interior.

De todas formas, sorprendentemente, a día de hoy, un alto porcentaje de nuestro parque inmobiliario, no cuenta con nada de aislamiento térmico. De hecho, no deja de ser una locura que muchas de estas fachadas, se estén rehabilitando actualmente y no se aproveche la ocasión para realizar una fachada ventilada que los aísle y les garantice un mejor futuro. Además, como analizábamos en nuestro anterior post,  la excusa de que es más caro, no vale, pues es seguro que en no muchos años esa inversión extra queda   amortizada con la disminución del gasto en  calefacción. En este sentido, aunque el CTE , tiene muchos puntos flojos, algo de que trajo bueno, con su aparición el 2006, fue el hecho de obligar a prácticamente duplicar el aislamiento exigido hasta entonces.

 

Así, con el aumento del precio de la energía y con el riesgo que supone para la humanidad, en términos medioambientales, el exceso de gasto en combustibles fósiles, no nos queda otra que apostar, al igual que hicieron nuestros antepasados, desde el origen de lo que somos como especie, por una adaptación máxima al entorno y al clima.

De esta forma, desde finales del siglo XX surgen nuevas soluciones constructivas para la envolvente exterior, como es, por ejemplo, la fachada ventilada. Ahora, ya no tenemos dos hojas de ladrillo, sino una sola interior. Con ello, el aislamiento térmico se ancla a su superficie y recubre, a su vez, todos los frentes de los forjados, eliminando puentes térmicos y reduciendo al mínimo el riesgo de condensaciones. Posteriormente, se deja una cámara de aire, y se coloca una fachada ligera. Esta fachada, es muy eficiente y entre sus únicos peros se puede alegar que incrementa sensiblemente el precio de la misma.

Es decir,  el aislamiento térmico juega un papel decisivo en nuestras edificaciones y conceptos como passive house o edificios de energía casi nula, tienen que estar más presentes que nunca en nuestro día a día.

En cualquier caso, conviene, además de gastar lo menos posible, ser muy cautos con los recursos usados, intentando dejar la menor cantidad de residuos.

Una mirada hacía atrás, nos delata como el único homínido que ha sido capaz de poner en riesgo el futuro del planeta, lo cual no habla bien de nosotros. Lo bueno es que, aun estamos a tiempo de ser uno más de esta cadena evolutiva que sepa, aunque tarde, adaptarse a las circunstancias y dejar a nuestros descendientes un planeta incluso en mejores condiciones del que nos encontramos nosotros.

¿Será posible?

Autores: Stepienybarno

(0). Friedensreich Hundertwasser, también hablaba del tema en lo que resumió como las 5 pieles: http://kcy.me/15r6w

(1). La especie elegida. Juan Luis Arsuaga. Ediciones Planeta Madrd, 2010.

(2). Envolventes (II), Tectonica 2_ cerramientos pesados: aplacados y paneles,1996.

(3). La arquitectura moderna como experimento. Eduard Stick López Padilla

(4). La Fachada de ladrillo. Ignacio Paricio. Ediciones Bisagra, 1998.

* Versión corta del post publicada en el blog de Knauf Insulation, aquí:

Del Homo Habilis al Homo Sapiens, breve historia del aislamiento térmico

Enlaces de interés:

Sostenibilidad en Stepienybarno

http://www.stepienybarno.es/blog/category/sostenibilidad/

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