Hoy, tenemos el placer de publicar un post muy especial que intenta unir dos mundos que debieran estar íntimamente ligados, pero que, por desgracia, no siempre es así: Arquitectura y ética.

De esta forma, José María Echarte, editor en el blog de n+1, nos hace llegar este texto que esperamos que sea de vuestro interés.

Por cierto, también el viernes día 14 tendremos el placer de tenerle de ponente dentro de los encuentros de nuestra Asociación ASA, en La Escuela Superior de Arquitectura de la Universidad Camilo José Cela ( UCJCESAYT) _ Máster Oficial en Eficiencia Energética y Arquitectura Bioclimática (MEEYAB).

Sobre ética y sostenibilidad, el urbanismo sostenible y el color pantone 375 C

 

Podríamos, como agentes involucrados generalmente en el proceso urbanístico / arquitectónico / constructivo / productivo, tener claro un cierto concepto de sostenibilidad alejado de las habituales simplificaciones del termino.

 

Sabremos pues que –aunque las incluya- tiene tanto de relación con la ecología o la bioclimática como con la economía y sus procesos de distribución de bienes, riquezas y plusvalías o con la política entendida como el establecimiento de procesos por los que se modulan las relaciones entre los individuos que forman una sociedad y –sobre todo- entre estos y su entorno.

 

A este respecto destaquemos que el desarrollo de una ética de la sostenibilidad, implica –como cita el fundacional Informe Bruntland – un deseo de equidad entre la sociedad del presente y la del futuro, que debe como objetivo acercarse cada vez más a la equidad inmediata entre los miembros de la sociedad presente (La inclusión de los excluidos como sujeto político fuera de los “blancos / vacíos” desarrollados por los estados como sistemas de exclusión no solo geográfica). Como es claro, esta equidad y re-politización de los sujetos sociales no puede entenderse sin un sistema absolutamente transparente y claramente participativo.

 

Sin embargo, y de nuevo pese a ser agentes altamente involucrados en el proceso, ¿Es esta descripción anterior la que estamos consiguiendo transmitir? ¿Es el mensaje sobre la sostenibilidad, claro?

 

Dejemos esta pregunta en el aire un momento. Hablamos también de ética, y por tanto del estudio de la virtud y el deber. La palabra deriva del termino griego “êthos”, carácter. Existe sin embargo otro “ethos”: el referido a la costumbre, aplicable a la moral.

 

Tiende así a confundirse ética con moral. La primera se ocupa del estudio racional de la segunda y aunque –como ocurre con ecología y sostenibilidad- ambas estén relacionadas en profundidad, una no es sujeto sustitutivo de la otra.

 

Retomando ambas cuestiones: ¿Confundimos el ethos – carácter, de la sostenibilidad, con un ethos – costumbre, y por tanto ética con moral cuando hablamos de sostenibilidad? Yendo algo más allá: ¿Se ha convertido esa moral, perfectamente analizable desde la ética como sistema racional, en su hija bastarda descargada de contenido,  la moralina, en la que solo el aspecto superficial (Visual) tiene consideración? ¿Son las costumbres, entendidas como armamento moral, confundidas con la costumbre entendida como repetición de una constante hasta su absorción a veces inconsciente, independiente de su significado real (De su carga moral)?

 

Hablemos de ese aspecto visual. O por ser aun más específicos, hablemos de “Verdismo”. Tan simplista como pueda sonar: de la ofuscación de cualquier código ético de análisis y estudio del armamento moral, oculto tras la pura apariencia pseudo-ecológica del color verde Pantone 375-C, aplacador de conciencias y elevador de los espíritus.

 

Si el capitalismo neoliberal ha aprendido algo –como sistema- que lo diferencia y lo hace mucho más peligroso y perverso que su antepasado mucho más descarnado y brutalista (Rockefeller, Ford, primeros oligopolios), es que, mucho más importante que combatir un termino o una idea es conseguir banalizarla hasta hacerla perfectamente integrable en las dinámicas habituales de producción-extracción-rapiña que suelen gobernar el modelo y que no responden necesariamente a esa “bondad” atribuida erróneamente a una suma de egoísmos individuales que se transforman en positivismo de masas por obra y gracia de un “mercado” que jamás ha sido –ni puede ser- espiritualmente puro.

 

Así, comprobaremos como el discurso –necesario- sobre la sostenibilidad, se convierte, edulcorado, devaluado y simplificado hasta lo banal, en la representación publica de la “apariencia de sostenibilidad”. En palabras de Zizek (En un articulo cuestionable en su conjunto pero con algunos puntos de interés), en un “Opio del pueblo” muy relacionado con el verdismo y cargado de moralina superficial –y visual- que mantiene inalterado el proceso económico insostenible cuya evolución y cambio deberían estar entre los primeros objetivos de un análisis ético-sostenible.

 

Pongamos un ejemplo tan visual como el término. Masdar.

 

Masdar es la nueva (Por ex novo) ciudad sostenible (La cursiva no es casual) desarrollada en el desierto de Abu-Dabhi con el objetivo de ser la primera ciudad con cero emisiones. Con un 100% de reciclaje efectivo de desechos. Completamente no-dependiente de combustibles fósiles, alimentada en un 100% por energías renovables.

 

Sin entrar en el resultado estético (Una suerte de pastiche neoarabe-revival para lectores tardíos -y poco exigentes- de la literatura de ciencia ficción de Frank Herbert en “Dune” a la que solo faltan unos Shai-Huluds para completar el cuadro) el ético es engañosamente peligroso.

 

Masdar tendrá un coste total (estimado, y empezando a desviarse) de 22 Billones de dólares, la mayoría aportados por las dos principales fuentes de ingresos de Emiratos Árabes: Los combustibles fósiles y el real-state megalómano de sus construcciones de la última década. Y, si bien este detalle podría resultar anecdótico (El origen podría no empañar el resultado, aunque con frecuencia lo hace), no lo es tanto el hecho de que, sobre esta apariencia de sostenibilidad, Masdar no deja de ser un reducto elitista de implantación económica en el que la sostenibilidad – o mejor dicho la ecología, o incluso mejor aun el “verdismo”- se ha convertido no en un motor de cambio, como seria deseable, sino en un engranaje más de producción dentro del sistema capitalista-extractor.

 

Masdar es pues, eliminada la patina de verdismo apabullantemente presentada, un parque tecnológico “publicitable” para empresas dedicadas al sector de la “ecología”, o mejor dicho al sector de la “ecología economizable y patentable”.

 

Todo ello, además (Y esto no es en absoluto anecdótico) pensado desde la absoluta opacidad política (Por ilustrada que pueda parecernos), con una participación ciudadana nula (Reducidos los sujetos políticos a imágenes más o menos folclóricas en renders vaporosos) y construido por mano de obra prácticamente esclava dentro de un sistema social no equitativo y para el que –lo que es peor- es imposible de alcanzar unos mínimas bases de estructura conducente a la equidad

 

Así pues, y frente a la imagen y apariencia de sostenibilidad de Masdar, la realidad es muy otra y se apoya en andamiajes ya conocidos cuyo sistema moral no está sujeto al cambio –o como mínimo al análisis- que una ética realmente sostenible implica.

 

Podríamos asumir, y de hecho lo hacemos con insistencia, que Masdar es el ejemplo perverso, lejano. Que forma parte de esa estética grandilocuente y esa ética laxa con lo que pasa más allá del estrecho de Ormuz, contemplado como un parque de atracciones neoliberal “fueled by oil” y del que en buena medida preferimos no tomar conciencia, lo que lo convierte en campo de experimentación libre –y magnifico- para las nuevas formas de camuflaje del capitalismo globalizado.

 

Pero, ¿Qué ocurre no tan lejos?

 

Veamos la siguiente frase:

 

El uso racional y sostenible de los recursos naturales, la protección del medio ambiente y del paisaje y  específicamente la protección y adecuada utilización  del litoral constituyen fines específicos….

 

Podríamos estar de acuerdo con el enunciado. Podría ser parte de cualquier texto sobre sostenibilidad. La frase, lo habrán notado, está coja, ¿Fines específicos de?

 

De la Ley. En concreto la de Ordenación urbanística de Andalucía (Ley 7/2002 de 17 de Diciembre de Ordenación Urbanística de Andalucía) en su preámbulo y exposición de motivos.

 

No esto todo. Entando en el articulado:

 

Artículo 3. Fines específicos de la actividad  urbanística.

 

1. Son fines de la actividad urbanística los siguientes:

 

a) Conseguir  un desarrollo sostenible y cohesionado  de las ciudades y del territorio en términos sociales, culturales, económicos y ambientales, con el  objetivo fundamental de mantener y mejorar las  condiciones de calidad de vida en Andalucía.

 

De nuevo, coincidiremos con el contenido del artículo. Más adelante la propia ley, negándose a si misma, obligará en su propio articulado a TODOS los municipios andaluces a redactar –lo necesiten o no- Planes Generales de Ordenación Urbanística, abriendo la puerta de forma solapada y bajo la apariencia –falsa- de preocupación sostenible a la masiva clasificación de suelo como caja registradora municipal.

 

Así, bajo la tutela de la ley 7/2002, en 2004, las costas de Málaga, Almería y Granada alcanzaron juntas un 25% de los metros cuadrados visados para todo el territorio español.

 

Bajo el imperio –supuesto- del articulo 3, apartado a), se desarrolló –anecdótico como pueda parecernos- el Algarrobico.

 

Bajo estos supuestos parámetros, esta impostada ética de la sostenibilidad, se clasifico suelo como para multiplicar por 1000 el número de habitantes de la mayoría de ciudades y municipios litorales andaluces. Eso si, este proceso se hizo sin apenas variar el discurso, que seguía siendo el de la sostenibilidad, empleando para ello su derivado moralista más simplificado y suciamente paternalista –de nuevo- el Verdismo. Incluso en sus ejemplos más infantiles: Jamás fueron los planos de Sistemas Generales de Espacios Libres más verdes que en la década prodigiosa (2002 – 2012) ni tampoco fueron jamás más falsos. (¿Es Hulk un Espacio Libre?, nos preguntábamos hace unos años en un artículo, llevando al extremo la realidad de que el único requisito para entrar en esa categoría era –más allá de su uso, necesidad, respuesta, diseño, función etc- ser, o mejor dicho parecer, de color verde)

 

El proceso de apropiación económica de la costa andaluza se llevo a cabo, y aun en buena medida se lleva, empleando métodos que podrían parecernos muy alejados –más allá de estrecho de Ormuz- y que no lo son en absoluto : La opacidad política y administrativa, la falta de transparencia, la negación de la equidad redistributiva de las plusvalías y sobre todos ellos el interés por banalizar el termino hasta accesorizarlo y convertirlo en una chiste fácil, un adjetivo aprehensible que pueda caracterizar sin ningún tipo de problema estrategias económicas sustitutivas de los muy necesarios cambios de gestión incluyentes, equitativos y trasparentes que una autentica ética sostenible –llevada a cabo por las administraciones como elementos aglutinadores de las voluntades políticas de sus ciudadanos- necesitan.

 

Sirva como ejemplo definitivo de la transmutación de la administración en un Jano bipolar, el hecho de que la Junta de Andalucía está –contra lo expresado en su propia ley- en proceso de legalizar unas 250.000 viviendas que suponen una red de ocupación del territorio desordenada, caótica y vírica, dispuesta a la expansión descontrolada y alejada de cualquier posible acercamiento a un muy necesitado “decrecimiento” en la ordenación andaluza del territorio. Haz lo que digo, no lo que hago seria una explicación honesta y brutal. Ladina pero sincera. Lejos de esta sinceridad descarnada, los poderes políticos (Y con ellos los económicos que los sustentan) emplean el doble juego de propagar una moralina sostenible cuyo única imagen visual es el verdismo y que oculta dinámicas de ocupación predadora en nada diferentes a las ya conocidas (años 60-70 para el litoral andaluz)

 

Acabemos con un ejemplo comparativo:

 

No hace muchos años transito este país –y dado el nivel de globalización de la disciplina podríamos asumir que el mundo entero- por una cierta efervescencia de la moda del Feng-Sui aplicado a la arquitectura.

 

Se conseguía de esta forma lo mismo que con el Verdismo: Reconvertir las extremas complejidades de una disciplina como la arquitectura en una suerte de decálogo bastardo y simplificado de decoración, una mini-pastilla de pseudocultura-soma y pop al servicio de intereses únicamente económicos. Se asumió de igual forma que la repetición del calificativo llegaba a bastar para salvar la enorme distancia entre el Feng Sui real, una geomancia con profundas bases taoistas y con sus principios anclados en el I-Ching entendible en una cultura como la China, tan ajena a la europea, con sus múltiples circunstancias diferenciadoras, y lo que realmente se “vendía” como tal y que no pasaba de una decoración con ínfulas salida de la semana oriental de el Corte Ingles. Nunca en este país se ha vendido más bambú.

 

Existía así la diferencia insalvable, tangible y real, de querer aplicar los principios estéticos de una sociedad taoísta a una de base judeo-cristiana sin análisis previo ni introspección alguna más allá del recetario simplón. La repetición del concepto hasta obviar que se trataba de aplicar el conocimiento filosófico-compositivo de la Ciudad Prohibida en Beijing a un piso de 90m2 en una ciudad dormitorio española.

 

Así, banalizándolo, el Feng Sui, que pudo tener su interés como sujeto de análisis y estudio y quizá de extrapolación de contenidos más allá de la receta, se convirtió únicamente en etiqueta de venta comercial, integrada en la maquinaria publicitaria-banalizadora-económica.

 

¿Podría ocurrir lo mismo con la Sostenibilidad? ¿Vamos camino de convertirla en el nuevo Feng Sui, como el rosa es el nuevo negro y el vodka el nuevo agua? ¿Está el sistema estableciendo – de nuevo- una moda pasajera, un vocablo simplificado e integrado totalmente en la estrategia de venta y el engranaje del capitalismo financiero y neoliberal, que ha demostrado con creces su mutabilidad y capacidad de absorción y metabolización de aquellos conceptos que pudieran suponer un peligro para el muy establecido mecanismo extractor?

 

En el caso del Feng Sui, la cuestión no pasa de ser accesoria. A esta etiqueta siguieron otras: la moda sueca, la madera de Wenge, los muebles de Bo-Concept y otras “modas” pasajeras y sustituibles (Y algunas retornables y recurrentes) de las que el sistema tiene siempre stock suficiente para nutrirnos temporada tras temporada.

 

Para el caso de la sostenibilidad, o mejor aun, del conjunto de sistemas morales y cambios que conducen a la equidad y la sostenibilidad y de la ética que los analiza, tememos que la ligereza es muchísimo menor. Como también lo son las apuestas sobre la mesa y lo que el planeta (entendido como un Gaias relacional sociedad-ecosistema) se juega. Y quizá por ello la resistencia será mucho mayor, el ansia de banalización inconmensurable, los trucos mucho más sucios y así, la necesidad de mantener la ética como ANALISIS RACIONAL del deber y el carácter,  del conjunto de conceptos morales conducentes a un sistema sostenible, deberá ser mucho más firme.

 

El mejor truco del Diablo fue convencer al hombre de que no existía, decía Kevin Spacey en su papel de Kayser soze / Verbal en “The Usual Suspects”. El mejor truco del capitalismo financiero neocon ha sido convencer a la sociedad de que tiene una conciencia, un sistema moral que pueda analizarse y sobre todo… que este es sostenible.

 

Lecturas Recomendadas

Muerte y Vida de las Grandes Ciudades (The Death & Life of Great American Cities) Jane Jacobs. Ed. Entrelineas.

Censorship Today: Violence, or Ecology as a New Opium for the Masses. Slavoj Zizek. Articulo (Puede encontrarse con facilidad en internet, incluso en video narrado por el propio Zizek) http://www.lacan.com/zizecology1.htm

Como Sacar Provecho de Los Enemigos. Plutarco. Ed. Siruela

Espacios del Capital; Hacia una Geografía Critica. David Harvey. Ed. Akal.

Masdar is just a showcase. Martin  Wright. Articulo publicado en The Guardian.

http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2011/apr/29/masdar-city-green

TheDubaiInMe.Christian Von Borries. Documental. http://www.the-dubai-in-me.com/

Informe Bruntland [Our Common Future: Bruntland Report] Comission on Environment and Development. United Nations.

http://worldinbalance.net/intagreements/1987-brundtland.php

Manual de Derecho Urbanístico. Tomas-Ramón Fernández. Ed. La Ley.

Más sobre el autor: Jose María Echarte. (Almería, 1973) es Arquitecto por la ETSAM (2000) y como tal ha trabajado en su propio estudio en concursos nacionales e internacionales, en obras publicas y en la administración. Desde 2008 es coeditor junto a María Granados y Juan Pablo Yakubiuk de n+1 Blog de Arquitectura y Crítica.

Profesor Asociado de la URJC.

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